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Sermón dado durante la Misa de las 9:30 a.m. del
3 de agosto de 2003, en la Catedral del Santo Nombre
Queridos amigos en Cristo:
Estoy ante ustedes no como celebrante de esta misa, sino como Arzobispo
de Chicago, el pastor de esta Iglesia local, para usar el púlpito
de esta Catedral de una manera no antes utilizado por mi en los
seis años que llevo aquí de arzobispo. Para ustedes
que son visitantes, les pido su indulgencia.
Estoy aquí para defender a Nuestro Santo Padre, el Papa
Juan Pablo II, contra una falsa acusación hecha el pasado
viernes en la primera plana del Chicago Sun-Times. El encabezado
dice: "El Papa lanza campaña global contra homosexuales".
El Papa por supuesto, no hizo tal cosa.
Primero, ¿Qué hizo el Papa que dio pie a que hicieran
esta falsa acusación contra él? El Santo Padre, a
través de la Congregación de la Doctrina de la Fe,
aprobó una declaración acerca de la naturaleza del
matrimonio, una declaración que repite lo que cada uno de
los Papas ha enseñado por dos mil años: que el matrimonio
es la unión de por vida de un hombre y una mujer, en la cual
se comparten a sí mismos de manera total en el nombre de
la familia. Esto, primero que todo, no es una enseñanza religiosa,
aún cuando Cristo elevó el matrimonio a nivel de sacramento.
Este es un entendimiento del matrimonio a partir de la naturaleza
misma. El matrimonio precede a nuestro presente gobierno o a cualquier
otro y precede, también, a la fundación de la Iglesia.
El matrimonio no es una criatura del estado o la iglesia, y ningún
gobierno ni la iglesia tiene la autoridad de cambiar su naturaleza.
Un gobierno que reclama semejante autoridad se convierte en totalitarista.
Lo que la Santa Sede concluyó a partir del hecho que no existe
equivalencia biológica ni moral entre el matrimonio heterosexual
y las uniones homosexuales es que tampoco debe haber una equivalencia
legal, en una sociedad sana y bien ordenada.
Evidentemente es esta conclusión la que fue presentada falsamente
como una “campaña global contra los homosexuales”.
Debido a una campaña concertada en años recientes
a través de películas y programas de TV para moldear
la imaginación y la opinión pública para aceptar
las relaciones del mismo sexo como normales y moralmente no excepcionales,
las verdades obvias son ahora consideradas evidencias de homofobia.
Debido a que la moralidad basada en deseos ha suplantado en gran
parte a la moralidad basada en la verdad de las cosas, una enseñanza
que limita la auto-expresión sexual de cualquier tipo se
convierte en opresiva. En este contexto, el Catecismo de la Iglesia
Católica nos enseña que las personas con orientación
homosexual deben ser tratadas con todo respeto y compasión;
por el otro lado, el Catecismo también enseña la verdad
acerca de la naturaleza del don divino de la sexualidad humana,
una verdad que nuestros cuerpos proclaman por sí mismos y
que las vidas de las parejas casadas atestiguan.
En segundo lugar, ¿quién es el Papa y por qué
deben los católicos tomar con gran preocupación las
acusaciones falsas que se hacen en su contra? El Papa es el Obispo
de Roma, y por lo tanto, el sucesor del apóstol que escuchó
a Jesús decirle: “Y yo a mi vez te digo que tú
eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las
puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré
las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará
atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará
desatado en los cielos”. Mt. 16, 18-19.
El Espíritu Santo de manera invisible ancla la Iglesia en
la verdad de Cristo. Las verdades de la fe pueden ser entendidas
de manera más apropiada de época en época,
pero el Espíritu Santo no se contradice a sí mismo.
La Santa Sede, debido a su naturaleza de oficina personal del Sucesor
de Pedro, es una expresión visible, privilegiada y segura
de la guía espiritual de la Iglesia. Los católicos
por lo tanto veneran la oficina de San Pedro como un don de Cristo
mismo y tienen un profundo respeto por la persona que dirige dicha
oficina. El divulgar información errónea acerca del
Papa, el hacer propaganda antipapal, representa un ataque a todos
los católicos y es, usualmente y de acuerdo a la historia,
una preparación para la persecución activa de la Iglesia.
El Santo Padre no inventa nada de lo que enseña. La suya
no es la “opinión del Vaticano”. La suya es la
enseñanza de Jesucristo, porque él es el principal
testigo de la fe que nos une con Cristo. En cuestiones que hemos
recibido a través de diferentes épocas y que son proclamadas
por el Papa en la nuestra, ninguna persona que esté en desacuerdo,
hasta el punto de llegar a la negación, puede proclamar tener
la fe católica. El desdén y el odio hacia el Papa
son claros signos de anti-catolicismo.
Y en tercer lugar, por lo tanto, ¿que dice el hecho de publicar
una acusación falsa en contra del Papa en un diario de importancia
en Chicago sobre el anticatolicismo que existe en esta ciudad? Esta
es una pregunta que nunca creí tendría que hacer.
La Iglesia Católica estuvo aquí antes que ningún
periódico, antes de la incorporación de la ciudad
de Chicago o del establecimiento del Estado de Illinois. La Iglesia
ha sido el instrumento utilizado por Cristo para santificar a miles
de chicagoenses. La Iglesia ha predicado el Evangelio y ha puesto
los sacramentos a disposición del pueblo, ha educado y curado
, servido a los pobres y elevado la voz por la justicia. Nosotros
los católicos somos pecadores y, en este momento, estamos
particularmente avergonzados por los terribles pecados de algunos
sacerdotes y obispos; sin embargo, la Iglesia permanece santa en
los dones que provienen del Señor. Si su enseñanza
moral fuera hornada en nuestra conducta, no habría abuso
sexual de nadie, ni violación o traición al matrimonio,
ni promiscuidad sexual proclamada como libertad, ni fraude en los
negocios o el gobierno, ni acusaciones falsas o mentiras, publicadas
o no publicadas. La Iglesia condena todos estos pecados, y lo que
ofrece constantemente es el perdón de Cristo a los pecadores.
El Papa es atacado por muchas razones. En algunos círculos
protestantes, es aún considerado como el anti-Cristo. Entre
los secularistas, su oficina de enseñanzas es una amenaza
contra la libertad humana. Entre los católicos desleales,
el Papa debe ser desacreditado para que los católicos sean
forzados a cambiar su fe. ¿Y para los escritores de encabezados
del Sun-Times? Desconozco su motivación. A un obispo le gusta
presuponer una buena voluntad, y que lo que hicieron encontraría
eco en muchos lugares; sin embargo, lo que debo decir el día
de hoy es que se ha cruzado una línea, y los católicos
de Chicago no pueden ignorar lo que ha ocurrido.
He escrito una carta de disculpa al Papa Juan Pablo II. Él
ha visitado esta ciudad muchas veces y siempre pregunta con cariño
por ella. No la considera un centro de anticatolicismo. Por primera
vez en mi vida, dudé en el momento de firmar mi título.
Estoy avergonzado que esta falsa acusación contra el Papa
haya sido hecha en nuestra ciudad. Es, por decir lo mínimo,
injusta, y nos vanagloriamos de ser justos. Les pido que oren por
el Santo Padre; oren también por los enemigos de la Iglesia;
y finalmente oremos el uno por el otro, por tener fortaleza en el
presente y perseverancia en las dificultades que están por
venir.

Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago
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