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  Arquidiócesis de Chicago | Carta del Cardenal
  Febrero 15, 2004
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
 

Hace un mes escribí a todas las parroquias de la arquidiócesis para informarles acerca de la auditoría que iba a ser publicada y que tendría reportes sobre el cumplimiento que cada una de las diócesis de este país estaba llevando a cabo de los ordenamientos de la Cédula nacional para la Protección de Niños y Jóvenes en la Iglesia. Cuando el reporte, hecho por auditores externos como sucede en los casos de las auditorías financieras, se publicó, se encontró que nuestra arquidiócesis estaba cumpliendo totalmente con los procedimientos impuestos por la Cédula. Por otro lado, fuimos elogiados por la ayuda y el auxilio que prestamos a las víctimas y por otros varios aspectos de nuestros esfuerzos para atender los pecados del pasado y asegurar un futuro libre del pecado y crimen que representa el abuso sexual. La promesa de que ningún sacerdote que tuviera una acusación creíble contra él de abuso sexual a un menor, permanecería en el ministerio público de la Iglesia ha sido cumplida. En algunos casos, la credibilidad de algunas acusaciones está, por supuesto, siendo aún revisada.

El propósito de esta nota es informarles sobre un segundo reporte, muy diferente al de la auditoría, que será publicado el 27 de febrero. Igual que sucedió con aquella, no veré este reporte elaborado por el colegio de John Jay de Nueva York, hasta que sea publicado y a diferencia de la auditoría, este informe contendrá números. Es un estudio de investigación social, basado en información confidencial recabada en cada diócesis y orden religiosa en el país. Al igual que la auditoría, este estudio fue comisionado para cumplir la promesa que hicieron los obispos de intentar obtener un entendimiento más profundo acerca de cómo ocurrió este escándalo, con el propósito de que no vuelva a repetirse jamás.

Durante los pasados cincuenta años toda diócesis reportó acusaciones, incluso anónimas, tuvo sacerdotes acusados, retiró sacerdotes del ministerio y gastó dinero orientando a sacerdotes y acusadores, tuvo costos legales que cubrir y acuerdos que hacer. Ningún otro grupo ha reunido estadísticas comparables, así que no habrá posibilidad de hacer una comparación con otros grupos. Sin embargo, con esa enorme cantidad de información cruda, el Comité Nacional de Revisión dará una primera interpretación; y en los meses y años por venir, los científicos sociales utilizarán esta base de datos para otros estudios posteriores. El estudio no es un reporte sobre casos individuales sino más bien un conjunto de información que mostrará las tendencias a través del tiempo, las edades de las víctimas y los abusadores en todo el país, los costos nacionales producto de esta conducta inadecuada y los medios que se tomaron, sobre todo a través de la cobertura de seguros, para cubrir los costos. Todo esto deberá llevarnos a tener un entendimiento más científico de sus causas y sugerirá cambios que podrían hacerse para evitarlo en el futuro.

La información básica proporcionada por la Arquidiócesis a los investigadores del John Jay han sido publicados aquí en dos reportes. El primero en 1992 cubría cuarenta años; el segundo, publicado en 2003, era una actualización que cubría los últimos 10 años. La información que tenemos muestra que cerca del dos por ciento de los miles de sacerdotes que ministraron a los católicos durante los pasados cincuenta años, han tenido acusaciones creíbles contra ellos de abuso sexual de menores. Muchos de estos sacerdotes han fallecido, algunos están en prisión y todos están fuera el ministerio. De ellos se dio a conocer sus nombres al mismo tiempo que iban siendo retirados y cada caso fue reportado a las autoridades civiles responsables de la protección de los menores en nuestra sociedad.

Les pido que reciban este reporte como algo por lo que hay que orar y pedir. La Iglesia está llamada a ser santa, pues fue por nuestra santificación que Cristo murió. La Iglesia tiene santos, pero cada santo es un pecador reformado. Los pecados de cada uno nos lastiman a todos. Cada día oro por aquellos que han sido abusados sexualmente por sacerdotes en la arquidiócesis. No importa cuándo o cómo ocurrió el abuso, el hecho es que se infligió un daño terrible, espiritual y psicológico y algunas veces físico. También oro por los sacerdotes que tendrán que enfrentar al Señor, a su pueblo y a sí mismos. Oremos por cada uno de nosotros.

Que Dios los bendiga a ustedes y a sus familias.

Sinceramente suyo en Cristo:

Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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