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  Arquidiócesis de Chicago

María Inmaculada: Patrona de Estados Unidos

Un patrón es como un patrocinador, alguien que toma la responsabilidad por otro, que lo protege. Los católicos confiamos en nuestros santos patrones no sólo como un ejemplo de inspiración para nuestras vidas sino también para que oren por nosotros y nos protejan en nuestra vida de gracia. Un patrón busca nuestro bienestar en maneras que no siempre podemos reconocer.

María Inmaculada fue declarada oficialmente patrona de los Estados Unidos en 1847. Un año antes, los obispos de E.U. habían escrito lo siguiente a los católicos de este país:

Queremos aprovechar esta ocasión para comunicarles la determinación, adoptada por nosotros de manera unánime, para ponernos a nosotros mismos y todo lo que se nos ha confiado en Estados Unidos, bajo el patrocinio especial de la Santa Madre de Dios, cuya Inmaculada Concepción es venerada por la devoción de los fieles de toda la Iglesia Católica. Gracias a la ayuda de sus plegarias, contamos con la esperanza firme que estaremos fortalecidos para ejecutar las tareas difíciles de nuestro ministerio, y que estaremos capacitados para practicar las virtudes sublimes, de las cuales, su vida representa el ejemplo más perfecto.

Años antes, en 1843, poco después de venir a Chicago como su primer obispo, William Quarter escribió que había puesto a la nueva diócesis, la cual incluía a todo el estado de Illinois, bajo la protección de "la Inmaculada Madre de Dios”. El cardenal Bernardin recordó esta dedicación en la ocasión del 150 o aniversario de la Arquidiócesis en 1993.

En 1849, los obispos de los E.U. pidieron al Papa declarara la creencia católica de que la Santa Virgen María estuvo libre de pecado desde el primer momento de su concepción, un dogma de la Iglesia. Cuando el Santo Padre lo hizo en 1854, los obispos de este país decidieron que el 8 de diciembre sería observado en cada diócesis como un día santo de obligación.

Este año de 2004, celebramos el 150 o aniversario de aquella declaración del Papa Pío IX haciendo la Inmaculada Concepción de María un dogma de la fe, una creencia que cada católico debe tener como parte integral de la fe que nos heredaron nuestros apóstoles.

Esta fe dio forma al continente americano mucho antes que hubiera un Estados Unidos de América. En todas las tierras de Norte, Sur y Centro América colonizadas por Francia y España, la devoción a María marcó la vida de sus pobladores. En las colonias británicas, donde la práctica pública del catolicismo estuvo prohibida, cualquier señal de amor para la madre de Jesús era imposible. Sin embargo, los católicos de los recién independizados Estados Unidos recibieron en 1792 la siguiente instrucción de su primer obispo, John Carroll:

Sólo debo añadir ésta, mi petición más seria, que al ejercicio de las virtudes más sublimes, la fe, la esperanza y la caridad, unirán una devoción ferviente y regular a la Santa Madre de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo; que ustedes pondrán una enorme confianza en ella en todas sus necesidades.

Habiéndola escogido patrona especial para esta diócesis (en realidad fue para todo el país en ese tiempo), ustedes se encuentran, por supuesto, bajo su poderosa protección; y es su tarea ser cuidadosos para merecer su continuación a través de una celosa imitación de sus virtudes y la confianza en su supervisión materna.

Es más fácil imitar las virtudes de María que leer la prosa del siglo XVIII del obispo John Carroll. Sin embargo, sus instrucciones de orar a María, fueron bien recibidas en el siglo XVIII y reforzada por las prácticas devotas de los muchos inmigrantes católicos que comenzaron a llegar a los Estados Unidos en los primeros años del siguiente siglo.

Existe cierta ironía en la elección de María Inmaculada como nuestra patrona. Una de las características de nuestra sociedad es la autodependencia, el hacer el trabajo uno mismo, ser independientes haciendo las cosas a nuestra manera. El significado del dogma de la Inmaculada Concepción es que María fue siempre totalmente dependiente de Dios, que su misión en la vida le fue dada, y que nunca hizo nada por sí misma, sino que hizo todo a la manera de Dios. Nunca tocada por el pecado, nada en ella resistió el deseo que tenía Dios para ella y para la salvación del mundo a través de su hijo.

De las pocas palabras atribuidas a María en los Evangelios, la más básica es "Hágase en mí según tu palabra". A partir de esta decisión libre de su parte surge su instrucción para los sirvientes en la boda de Cana, “Hagan lo que él les diga".

María Inmaculada es nuestra patrona. Ella nos habla de la iniciativa que tuvo Dios en su vida y en la nuestra; da testimonio de la importancia que tuvo la gracia en su vida y en la nuestra. Nos pide, orgullosa al ver nuestras propias iniciativas, hacer las cosas a la manera de Dios.

Cardenal Francis George, O.M.I.

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